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Archivos Mensuales: junio 2014

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11 DE JUNIO

9:00

Hoy me he despertado, me he duchado y he desayunado un aguacate.

Suelo desayunar café con leche y magdalenas, pero hoy he decidido que debo dar un giro a mi aburrida y predecible vida. Espero que este desacostumbrado desayuno me ayude en mi propósito.

Albergo la profunda esperanza de que hoy funcione el ascensor. Estoy harto de bajar por las escaleras. Ayer estuve a punto de caerme y, como Doctor que soy, puedo asegurar que caerse no es recomendable para la salud de nadie.

 

10:00

He llegado corriendo a la oficina. Una señora mayor me ha perseguido durante todo el camino. Gritaba algo, pero no he podido escucharle porque me he puesto unas orejeras para ignorarla. Lamento no haber tenido en cuenta lo cerca que está el verano. Mis orejas sudan ahora profusamente.

Un vecino me ha dicho que lo que yo pensaba que era el ascensor no era otra cosa que el armario de las fregonas. Eso explica muchas cosas. Sobre todo por qué nunca se movía y por qué siempre estaba tan limpio.

Hoy lo que no funcionaba era el portal. El suelo se ha derrumbado, y un portal sin suelo puede ser muy peligroso. He tenido que bajar las escaleras hasta el garaje y volver a subirlas de nuevo para salir a la calle. La verdad es que prefería que no hubiera funcionado el ascensor, en vista de la alternativa.

 

13:30

No he podido escribir hasta ahora porque estaba en horario de consulta. Eso no significa que haya estado trabajando. Desearía que viniese alguien a consultarme algo, pero eso cada vez parece más complicado. Espero que mi carrera como conferenciante tenga mayor éxito.

Para matar el aburrimiento he tratado de psicoanalizar a mi silla. Resulta que siente un fuerte peso sobre ella. Parece que debo adelgazar. También parece que debo hacer algo para recuperar a mi clientela.

No solo soy Doctor en Psiquiatría por la Universidad de Deusto, también soy Doctor en Odontología por la Universidad de La Vida (arranqué los dientes de leche a mis cinco hermanos y los de verdad a mi abuela). Puede que tenga que diversificar el negocio.

 

14:00

Acabo de consultar mi idea para una revolución odontológica con mi compañero, el Doctor Irizar. Tiene una postura bastante fascista ante la odontología. Insiste en que los dientes son así por una razón, y que no tendría sentido variar su posición y colocarlos con la raíz hacia fuera.

He intentado hacerle ver que la raíz es más afilada que el diente en sí, pero no ha transigido, así que he tenido que arrancarle un diente. Ha llamado a la policía. He salido corriendo y le he dejado su diente en el buzón.

Seguiré investigando sobre las posibles variables en la funcionalidad de los dientes.

 

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16:30

Nada más he salido de la consulta, me he encontrado a la señora que me ha perseguido toda la mañana pasando una fregona por la sala de espera. Ha intentado decirme algo, pero he vuelto a huir de ella.

Esta vez no he cometido el error de ponerme las orejeras. Me he puesto el fonendoscopio y he empezado a auscultar la puerta metálica que hay al fondo del pasillo. Gracias a esto, me he dado cuenta de que era el ascensor.

Hoy he vuelto a comer solo. He llamado a mi ex para que me hiciese compañía, pero me ha contado no se que tonterías de que por perseguir a alguien no se convierte en tu novia y por dejar de hacerlo no se convierte en tu ex. Creo que debería psicoanalizarla. Aunque supongo que para eso tendría que secuestrarla, y eso podría convertirse en un problema para ambos. No tanto por la violencia que implica un secuestro sino porque me niego en redondo a bajar la tapa del retrete después de utilizarlo.

He decidido que necesitaba un café con leche, y es lo que he comido. Lo he pedido en un plato con fideos para hacerlo más nutritivo. El camarero me ha mirado raro, pero me lo ha traído. No se lo aconsejo a nadie. Está asqueroso.

Cuando iba a pedir la cuenta, he visto a esa extraña señora de nuevo fuera del restaurante. Llevaba un cartel con mi nombre, Demetrio Dondelinger, y un mensaje, “Detenga esta Demencia”. Mi patológico temor por la letra D me ha llevado a huir de ella de nuevo. He preguntado por la puerta de atrás y me han dicho que no había, así que he salido por la ventana. La de delante, claro.

 

17:00

Transcribo a continuación el diálogo que acabo de mantener con el bedel de la Universidad a la que he venido a dar mi conferencia.

– Buenos días, vengo a la conferencia.

– ¿A darla o a recibirla?

– A darla, en principio. Luego ya veremos.

– ¿Es usted el Doctor Demetrio Dondelinger?

– Pare, por favor. Tengo un temor crónico a la letra D.

– Pues siento decirle que su conferencia tendrá lugar en el Salón de Actos D.

– Vaya por Dios. ¿No podríamos cambiarla de salón?

– Creo que están todos ocupados.

– Entonces supongo que la daré en el baño.

– No creo que sea necesario llegar a esos extremos. Podemos habilitar una clase.

– Me parece bien. Mientras no tenga que darla en el ascensor…

– No tenemos ascensor en esta universidad.

– Son ustedes unos monstruos.

Pese a todo, no soy un hombre que falte a su palabra, así que pienso seguir adelante con mi ponencia.

 

19:30

La conferencia ha sido un éxito. Nunca pensé que tanta gente estaría interesada en mi tesis: “Morderse las uñas. Malo para los dientes. Malo para las uñas”. Al terminar, los cinco me han aplaudido a rabiar.

Luego ha habido una confusión. Pensaban que daba créditos de libre elección y lo que daba era créditos para el Puzzle Bubble en la sala de máquinas de la esquina. Es más, resulta que la sala de máquinas cerró hace 20 años. No estaba abierta ni siquiera cuando yo estudié aquí. Me pregunto entonces donde habré pasado el grueso de la carrera. ¿Habrá sido en el ascen… No, mejor no termino la frase. No quiero ni pensarlo.

La sala se ha vaciado cuando iba a enseñar mi cartel de propaganda anti-comerse las uñas. Un hombre con un sorprendente parecido a Hitler (en realidad era un fotomontaje, nunca he conocido a ese hombre) llevándose a la boca unas uñas adornadas con diferentes derechos civiles. Una metáfora al alcance de muy pocos.

He tenido que volver a huir. La señora ha entrado en la sala y a gritado de nuevo mi nombre. Esta vez no tenía nada que llevarme a las orejas, así que he golpeado mi cabeza contra el atril con la intención de caer inconsciente. Un nuevo éxito para el Doctor Dondelinger.

 

21:00

Cuando he despertado en urgencias, la señora estaba sujetándome la mano. Como no podía huir me ha explicado por qué llevaba todo el día detrás de mi. Resulta que la contraté como secretaria el otro día. Y resulta que el otro día fue hace seis años.

Mi secretaria ha insistido en que debería visitar a un psiquiatra. Le he dicho que yo soy psiquiatra, y que no tendría sentido que me visitase a mí mismo, más teniendo en cuenta de que me encanta el atún en lata y en mi casa no tengo ni una. No solo sería un trauma autopsicoanalizarme, sino que sería de mala educación para conmigo mismo.

La señora ha insistido en acompañarme a casa y prepararme la cena. He intentado avisarla de que el portal no funciona, pero es una mujer lista. No he tenido que darle ni una pista para que llegase a la conclusión de que debíamos entrar por el garaje.

 

23:00

La señora ya se ha marchado. Quería hacerme un huevo frito con patatas, pero le he puesto a prueba. Le he pedido una patata frita con huevos. Lo ha hecho. Después de todo, puede queno la despida.

Me he quedado viendo un canal de infocomerciales en bucle y he llamado para hacerme con un limpiacristales telescópico. Ahora ya tengo una razón de peso para poner cristales a mis ventanas.

El día de hoy ha sido deliciosamente complicado. Hacía tanto que no pasaba tanto miedo, vergüenza y calor en las orejas. Ha sido una inyección de vida en una existencia tan aburrida como la mía. De todos modos, debo encontrar un término medio. No quiero pasarme toda la vida haciendo cosas divertidas. Al fin y al cabo soy Doctor, ¿no?

 

23:15

He llegado a la conclusión de que si mi día ha sido tan complicado es por lo poco ortodoxas que son las decisiones que tomo.

Por eso he decidido que, de ahora en adelante, no volveré a desayunar aguacate.

 

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