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Archivos Mensuales: noviembre 2014

(4)ALGUACIL: Estamos aquí para el juicio del Estado de Wyoming contra la Ley de la Gravedad por el asesinato de Georges Faller. Va a hacer su entrada el juez Rolling. Por favor, pónganse de pie.

JUEZ: Pueden sentarse. Por favor, abogado de la defensa, comience con su alegato, a ver si terminamos pronto. No quiero que se me enfríen las lentejas.

ABOGADO: Esto va a ser sencillo. ¿Han comprobado lo fácil les ha resultado sentarse? Pues, señores, esto es nada más y nada menos que gracias a la fuerza de la gravedad. Ella es culpable, sí, pero no del asesinato de Georges Faller, que es por lo que estamos aquí hoy. Es culpable no solo de ayudarles a sentarse, sino de lo cómodos que están sentados. ¿En serio creen necesario juzgar a la ley universal que nos mantiene tumbados en la cama en vez de flotando por los aires?

FISCAL: ¡Protesto! Está condicionando al jurado.

JUEZ: Denegada. Se trata de condicionar al jurado. Para eso existen los juicios.

FISCAL: Con la venia, su señoría. El abogado de la defensa se limita a exponer los casos en la que la gravedad nos ayuda, pero ¿a quién no se le ha caído alguna vez su vaso favorito y se ha roto en pedazos? ¿Saben quién es la culpable de ello? Sí, señores. La gravedad.

ABOGADO: ¿Y si se ha caído porque tenían las manos mojadas?

JUEZ: ¿Podemos ir directos al caso que nos ocupa?

ABOGADO: Desde luego. Se acusa a mi cliente, la ley de la gravedad, de la muerte de George Faller. Recapitulemos los hechos. La muerte del señor Faller se produjo al chocar su cuerpo con el cemento tras una caída de veinte pisos.

FISCAL: Por favor, ¿pretende que juzguemos a un trozo de cemento? Eso es absurdo.

ABOGADO: ¿Acaso esto no lo es? Señoría, para esclarecer los hechos me gustaría llamar a mi primer testigo.

JUEZ: Adelante.

ABOGADO: Llamo al estrado a la señora Faller.

Público: (chillido de emoción)

ABOGADO: Señora Faller, ¿es cierto que en la noche del uno de marzo su marido y usted discutieron?

FALLER: Sí, es cierto.

ABOGADO: ¿Es cierto que usted le lanzó una taza de cereales a la cabeza?

FALLER: ¡Lo es, pero no le di!

ABOGADO: ¿Diría que fue gracias a la gravedad?

FALLER: No lo había pensado, pero puede ser.

ABOGADO: De modo que la gravedad le salvo la vida a su marido. No hay más preguntas, señoría.

JUEZ: Su turno, señor Fiscal.

FISCAL: Señora Faller. ¿Es cierto que empujó usted a su marido por la ventana?

FALLER: Es cierto, si señor.

FISCAL: ¿No cree, pues, que el asesinato pudo ocurrir por su culpa?

FALLER: ¡Pero como se atreve! Aquí no me están juzgando a mi.

FISCAL: Déjeme exponer mi idea, señora Faller.

FALLER: Señorita ahora.

FISCAL: Se que esto no fue culpa suya. Mi teoría es la siguiente. Si la Señora Faller hubiese empujado a su marido por la ventana en la luna nada hubiera ocurrido, porque ahí no tiene efecto la ley de la gravedad. Por lo tanto, la existencia de la gravedad fue la que lanzó a su marido al abismo, ¿verdad?

FALLER: Sí, mi pobre George.

FISCAL: ¿Por qué empujó usted a su marido?

FALLER: Estábamos discutiendo sobre el efecto de los agujeros de gusano en los viajes en el tiempo.

FISCAL: ¿Y qué dijo él?

FALLER: Que menos viajes en el tiempo y más viajes en el espacio, que nunca salíamos de casa.

FISCAL: Por lo tanto usted le empujó por la ventana como acto de bondad, para que viera mundo.

FALLER: Eso es, concretamente, para que viera el mundo muy de cerca.

FISCAL: Y esa ley traidora de la gravedad le hizo estamparse contra el suelo.

FALLER: Vaya que si lo hizo. Todavía no he podido limpiar el estropicio.

FISCAL: No hay más preguntas.

ABOGADO: ¡Protesto, señoría!

JUEZ: ¿Otra vez? ¿Usted sabe lo malas que están las lentejas cuando se quedan frías?

ABOGADO: Este juicio no debería ser contra mi cliente, sino contra la Señora Faller.

FALLER: Señorita ahora.

ABOGADO: Fue ella la que le mató. No es obra de la gravedad, es obra de Satán, que habita en esta Señorita Faller.

ESPONTÁNEO: ¡Pero cómo se atreve! ¡Este no es momento de juzgar ni a esta mujer ni al Anticristo!

JUEZ: Pero por Dios, ¿quién es usted?

ESPONTÁNEO: Yo soy el abogado del diablo. He venido aquí a comprobar que no se injurie a mi cliente.

JUEZ: ¿Abogado del diablo? ¿Le parece eso ético?

ESPONTÁNEO: Bueno, yo no quiero ser abogado del diablo pero…

PÚBLICO: (murmullo incontrolado)

JUEZ: ¡Silencio en la sala! Abogado, Fiscal, ¿tienen ustedes más testigos?

ABOGADO: ¡Sí! Llamo a Stephen Hawking.

JUEZ: Que pase, pues.

ABOGADO: Señor Hawking, ¿usted cree que la gravedad es necesaria para la existencia de nuestro universo?

HAWKING: (teclea durante varios minutos) S – I.

ABOGADO: No hay más preguntas.

FISCAL: ¡Llamo a declarar al Reverendo Adam Evelyn!

JUEZ: Ay, pues que pase también.

FISCAL: Reverendo Evelyn, ¿qué opinión le merece la gravedad? Y tenga en cuenta que es un concepto físico. Como la creación y la evolución, vaya.

REVERENDO: Ah, pues entonces fatal.

ABOGADO: ¡Está difamando a mi cliente!

ESPONTÁNEO: ¡Reverendo! ¿Necesita usted un abogado?

JUEZ: ¡Basta ya! Paren este sinsentido. Por favor, presidente del jurado, ¿cual es su veredicto?

JURADO: Declaramos a la gravedad…culpable del asesinato de George Faller.

PÚBLICO: (rugido de festejos)

JUEZ: ¡Silencio en la sala! Condeno a la gravedad a cadena perpetua, y no se hable más.

ESPONTÁNEO: ¿Va usted a permitir que siga acabando con las vidas de seres humanos desde dentro de la cárcel?

JUEZ: ¡Déjenme en paz! Ya está, condeno a la ley de la gravedad a muerte. ¿Contentos?

Todo en la sala empieza a flotar por los aires. Los bancos, el estrado, el juez, el público, hasta el abogado del diablo. Un tapper de lentejas estalla llenando todo de legumbres. Al de varios segundos de incredulidad, el universo explota.

STEPHEN HAWKING: (flotando en el limbo) S-E   L-O   A-D-V-E-R-T-Í

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Alfred Velado llevaba toda la mañana fotografiando cadáveres. Era su oficio, y para él era algo de lo mñas placentero. Si algo le gustaba más que los donuts glaseados eso fotografiar cadáveres. Pero aquel iba a ser un día complicado. Y no sólo porque no encontraba su donuts glaseado.

AYUDANTE: ¡Señor Velado! El siguiente cliente está ya preparado.

ALFRED: ¿Dónde está mi donuts glaseado?

AYUDANTE: Señor Velado, creo que hay un problema. Debería usted ver esto.

ALFRED: ¿Ha encontrado mi donuts?

AYUDANTE: No, señor. Es su siguiente cliente.

ALFRED: ¿Qué pasa con él?

AYUDANTE: Está vivo.

ALFRED: ¿Cómo que está vivo? Por Dios, que locura. A ver. ¿Alguien ha visto mi puto donuts?

CLIENTE: ¿Señor Velado? Un placer conocerle. Soy Wolfgang Von Vivo.

ALFRED: Encantado, soy Alfred Velado. Usted debe ser el nuevo becario.

AYUDANTE: Se equivoca, señor. Es el próximo cliente.

ALFRED: ¿Cómo que el próximo cliente? ¿Y qué hace vivo aún?

AYUDANTE: Ya se lo he dicho, maestro.

ALFRED: ¿Se puede saber a qué viene esto?

CLIENTE: Verá, señor. Han llegado a mis oídos noticias sobre su gran capacidad para fotografiar cadáveres. El caso es que me gustaría ponerme en sus manos.

ALFRED: Pues va a tener que morirse, amigo.

CLIENTE: El caso es que soy un hombre bastante vanidoso. Quiero tener mi propia fotografía mortuoria, sí, pero no me fío. Necesito verla con mis propios ojos.

ALFRED: ¿A qué viene eso? ¿Desconfía de mi técnica?

CLIENTE: No, señor, ni mucho menos. Simplemente quiero asegurarme de que salgo bien en la foto.

AYUDANTE: Y eso sería imposible si ya estuviese muerto, señor.

ALFRED: Es usted realmente vanidoso, señor.

CLIENTE: Eso ya se lo he dicho.

ALFRED: Vaya, vaya. Ya sabe lo que dicen. La vanidad mató al gato.

AYUDANTE: Siento interrumpirle, señor, pero creo que fue la curiosidad.

ALFRED: ¡Cállese, y busque mi donuts! No se como vamos a hacer esto. Jamás he fotografiado a un vivo. Los vivos me dan repelús.

CLIENTE: Me pongo a su merced.

ALFRED: A ver, para empezar, siéntese en esa silla.

CLIENTE: Me da cosa. ¿Se han sentado muchos muertos ahí?

ALFRED: Desde luego. ¿Y sabe una cosa? Ninguno se ha quejado jamás. Siga su ejemplo, señor. Los muertos nunca se equivocan.

AYUDANTE: Lo siento, señor, pero creo que sí que lo hacen. Por lo menos, seguro que se equivocaron estando vivos.

ALFRED: Si las siguientes palabras que salgan de tu boca no son: “Aquí está su donuts” puedes darte por despedido.

CLIENTE: ¿Ésta silla?

ALFRED: Esa, si señor. Veamos…muevase un poco a la derecha…eso es…ahora un poco a la izquierda…muevase al centro.

CLIENTE: ¿El centro está a mi derecha o a mi izquierda?

ALFRED: ¡Malditos vivos! Quédese ahí, moveré la cámara. Tendremos que maquillarle. Solemos maquillar a los muertos para que parezcan vivos, supongo que con usted tendremos que hacer el camino contrario.

CLIENTE: Estoy a su merced.

AYUDANTE: ¡Aquí está su donuts!

ALFRED: ¡Perfecto! ¿Dónde?

AYUDANTE: Supongo que una vez dicho eso puedo decir lo que quiera sin que me despida, ¿no?

ALFRED: ¿Pero tú eres idiota o qué?

CLIENTE: Señor Velado, no hace falta ser psiquiatra para darle un diagnóstico. Pero vaya, da la casualidad de que soy psiquiatra, así que puedo decirle…

ALFRED: ¡Usted limítese a hacerse el muerto! Le maquillaré. Un poquito de talco por aquí…voy a hacerle las bolsas de los ojos si no le importa… así…bien, lo tenemos. Voy a mirar por el visor, a ver.

AYUDANTE: ¡Aquí está su donuts!

ALFRED: ¡Deja de molestarme!

AYUDANTE: ¿Ya no lo quiere? Pues lo tiraré a…

ALFRED: ¡Déjalo en la mesa! Ahora estoy ocupado, joder. A ver, aún se le notan las venillas en la cara, pero creo que se lo que tenemos que hacer.

AYUDANTE: Usted me dirá.

ALFRED: Vaciarle el cuerpo de sangre.

CLIENTE: ¿Está loco? ¡Me matará!

ALFRED: ¿Quiere su foto o no la quiere?

CLIENTE: Tanto como usted su donuts.

ALFRED: Vacíale el cuerpo.

AYUDANTE: Hecho, señor.

ALFRED: ¿Qué tal se siente?

CLIENTE: Eeeeebil…creeeeeo…morirrrrrr.

ALFRED: ¿Qué dice?

AYUDANTE: Creo que dice que ahora sí parece muerto.

ALFRED: Y que lo diga. Bien, ahora necesito que esté quieto durante media hora. Es lo que tarda en tomarse la foto. ¿Conforme con eso?

CLIENTE: Aaaaayuda…

ALFRED: Ayúdale a quedarse quieto.

AYUDANTE: ¿Qué hago?

ALFRED: Pues como si estuviese muerto. Clávale el tubo ese de metal en la cabeza para que no se le mueva.

AYUDANTE: ¡Pero está vivo!

ALFRED: ¡Pues yo que se! Clávaselo un poquito solo.

AYUDANTE: Hecho.

ALFRED: ¿Qué tal, Von Vivo?

CLIENTE: Aaaaaal.

ALFRED: ¿Qué?

AYUDANTE: Dice que genial. Creo.

ALFRED: ¡Maravilloso! Vaya, por el visor aún se le ve un poco vivo. Necesitamos la cara más blanca.

AYUDANTE: Señor, no queda talco.

ALFRED: ¡Pero qué me dices! Bueno, ya lo tengo. Restriégale el donuts por la cara.

AYUDANTE: ¡Pero es su donuts!

ALFRED: Esto es trabajo. Con trabajo se compran donuts. Es el ciclo del donuts, aprendiz.

AYUDANTE: De acuerdo.

CLIENTE: Aaaaaa.

AYUDANTE: ¿Qué?

CLIENTE: Aaaaaaleeergia.

AYUDANTE: ¿Alergia?

CLIENTE: Aaaaaaleeeeergiaaa. Azúuuuuuuucaaaar.

AYUDANTE: No entiendo lo que dice. Estese quieto, por favor, si se le mueve un poco el metal que tiene clavado en la nuca podría morirse.

CLIENTE: Aaaaaleeeeergiiaaaaaa.

ALFRED: ¡Claro que sí, alegría! Restriégale ese donuts y saquemos la foto.

 

30 minutos más tarde.

 

AYUDANTE: Señor Von Vivo, ya puede levantarse. Hemos terminado.

ALFRED: ¿No ha oído? ¡Tenemos más clientes! Vale que están muertos y no se quejan, pero uno quiere mantener el nivel de profesionalidad.

AYUDANTE: Señor, creo que está muerto.

ALFRED: Bueno, aquí vienen muchos muertos.

AYUDANTE: Pero este llegó vivo.

ALFRED: Y yo antes tenía un donuts glaseado, y no me ves quejarme.

AYUDANTE: No creo que sea lo mismo, señor.

ALFRED: Ya te digo yo que no. ¿Sabes por qué?

AYUDANTE: ¿Por qué?

ALFRED: Porque ahora vas a sacarle el dinero de los bolsillos y vas a ir a comprarme un donuts. ¿Ves como todo tiene solución?

AYUDANTE: Señor, lo de este hombre ya no la tiene.

ALFRED: Bueno, el quería una foto post mortem y le hemos matado, yo ya le avisé de que la vanidad mató al gato.

AYUDANTE: Señor, le repito que fue la curiosidad.

ALFRED: ¿Vas a ir a por mi donuts o quieres que te saque un foto?

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