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Archivos Mensuales: agosto 2015

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No hay nada como quedarse en Agosto en Bilbao. Nada tan asqueroso, quiero decir.

Hay veces que pienso que es la propia ciudad la que conspira: Voy a convertir estas tres primeras semanas en el tedio más absoluto para que luego, cuando llegue Aste Nagusi, a la gente le parezca más la hostia todavía, aunque solo sea por contraste.

No me malinterpretéis, amo mi ciudad y tal, sobre todo durante once meses al año. Pero Agosto no lo llevo nada bien. Y más después de lo del otro día.

Antes de nada, me presento: Alonso Iturriaga, ingeniero de carrera y dependiente de profesión, no soy un Jon Kortajarena pero tampoco soy un Gabino Diego, no soy un Albert Einstein pero tampoco soy un Mariano Rajoy. Pero mi característica más notable es que atraigo al ridículo como un pararrayos a…bueno, os dejo adivinar.

El caso es que era martes, 4 de Agosto y ya me aburría. Puede que no me aburriese una bañada, pero me imagino lo que me voy a aburrir las próximas dos semanas y me aturullo. Estoy de vacaciones, pero soy una de esas personas que no tienen pueblo (ni casa en Noja), al contrario que toda mi puta cuadrilla. Así que estoy solo.

Mi plan A era intentar quedar con una tía que conocí en Aste Nagusi del año pasado. Nos caímos bien y tal. Bueno, a mí me cayó bien ella y ella me soportó. Le hablé por el Feisbuk y me dijo que ya tenía planes. ¿Planes? ¿En Bilbao? ¿En Agosto? Indudablemente, me estaba dando plantón. Así que pasé al plan B: quedar con cualquier otra persona. Conseguí quedar con un antiguo compañero de la Uni que nos caía a todos como el culo, lo que probablemente explique que no tuviera plan. Da igual, no me pienso pasar Agosto metido en mi puta casa.

Me asomé a la calle a ver que tiempo hacía. Normalmente, si llueve, veo pasar a la gente con paraguas. Pero para eso hace falta gente. Estuve mirando durante cinco minutos, mientras me lavaba los dientes, hasta que por fin pasó una señora, que no hacía más que sacar la mano del paraguas a ver si seguía lloviendo, lo que no me ayudaba mucho, porque si ella que estaba en la calle dudaba, yo, bajo techo, ya me dirás tú. Pese a mi claustrofobia, me puse pantalón largo y que sea lo que Dios quiera.

Llovía. Su puta madre si llovía. No se que coño andaba esa señora, porque se notaba bastante que llovía, joder. Cuando llegué al metro me tuve que escurrir la camiseta.

Entré en el metro y estaba vacío. ¿Sabes cuando vas a fiestas de algún pueblo, va el metro petado y no está puesto el aire acondicionado y sudas como un cerdo? Pues debe ser porque reservan el aire acondicionado para cuando llueve. Menos mal que hasta el Casco Viejo son solo seis paradas y solo me dio tiempo a coger catarro. Si llego a vivir en Algorta me pillo una pulmonía.

Llego a la salida de Unamuno y Bilbao me da otra sorpresa de las suyas: ya no llueve. Ahora hace treinta grados y un sol de la hostia. Entre el calor, la humedad ambiental y la mía propia empiezo a sudar como un jueves en el Antzoki. Como llevo pantalón largo, me sudan hasta las rodillas. No se si alguna vez os han sudado las rodillas, pero es como si se convirtiesen en velcro, los pantalones se pegan…

– ¡Hombre, Iturriaga! Que bien te veo.

Ahí está mi compañero de la Uni.

– ¿Lo dices por los mocos, por el sudor o por la ropa empapada?

El tío se me queda mirando raro, con la mirada fija en un punto entre la boca y la barbilla. Se pasa un par de segundos con esa expresión tan idiota como misteriosa hasta que vuelve a hablar.

– Jajaja. Es verdad, estás mojado no…

Que no diga lo siguiente, por favor, solo pido eso.

– … lo siguiente.

Definitivamente, esto va a salir mal.

– ¿Vamos a tomar unos zuritos?

-Escúchame, tío. Estoy mojado, sudado, acatarrado y, sobre todo, aburrido. No vamos a tomar zuritos. Vamos a emborracharnos como si no hubiese un mañana.

– Pero mañana es martes…

– Pero es Agosto. ¿No estás de vacaciones?

-Bueno, pero quiero hacer cosas.

-Pues estás en la ciudad equivocada. Así que vamos a emborracharnos.

Al principio me cuesta convencerle, pero en un par de rondas los zuritos se convierten en cañas, otro par y vamos a por los cañones… Cuando llegamos al final de Somera ya estamos bebiendo patxarán.

Resulta que al hijoputa le fue bien. Que conste que le llamo hijoputa, única y exclusivamente, porque le fue bien. Curra de ingeniero en Idom (“cojonudo no, lo siguiente”, tiene una novia que está con una beca Leonardo en Berlín, y además está yendo a clases de Paddle Surf en Sopelana. No le odio tanto por el trabajo o por la pareja como por estarse divirtiendo mientras yo me aburro.

Me pide que le cuente mi vida, pero yo lo único que pido son patxaranes. Sigo mojado, de esta mezcla que ya no sabes si es lluvia o sudor, pero como he perdido la vergüenza no me importa llevar dos kleenex en la nariz para que no se me salgan los mocos. Total, Bilbao está vacío, ¿quién me va a ver?

-¿Qué pasa, Alonso? – golpe terrible en la espalda – ¿Al final has encontrado plan, eh?

Ella. Y no va sola, va con un él.

Me hace un gesto como para que me limpie algo en la barba. Pasta de dientes. El puto Unai lleva tres horas conmigo y ha sido incapaz de decirme que tenía pasta de dientes en la barba. Menudo hijo de puta.

– ¿Eso que es, Alonso? ¿Lefa? Jajaja¿Y qué llevas en la tocha? Jaja ¿Qué andáis, tomando algo?

– Pues… tengo mocos.

-Mira, éste es Jon. Jon, Alonso. Alonso, Jon.

– ¿A patxaranes a las siete de la tarde de un lunes, eh? Menudo figura está hecho tu colega. – dice el puto Jon.

– Yo ya le he dicho, que así íbamos a acabar borrachos no, lo…

– ¡Cállate! Éste es Unai, un colega de la Uni.

– De la uni, ¿eh? – habla el puto Jon ese – ¿Qué estáis, con algún proyecto o algo?

– Sí, con el proyecto de pillarnos una mierda como un campano.

– Pues me estáis dando envidia. ¿Nos unimos, Jon?

-¿No prefieres ir a ver una peli o algo a mi casa?

– No.

Por fin algo positivo en esta mierda de día. Mientras tomamos unos cuantos patxaranes más, ella me cuenta que estaba super aburrida y que han quedado por el Tinder. Me cuenta que al principio le ha caído bien, pero ha empezado a sospechar de él cuando ha pedido un mosto.

El chico se acerca, visiblemente celoso, y nos pregunta a ver de qué nos conocemos. Ella le cuenta que me conoció con una falda de arrantzale y la cara llena de purpurina. Él me pregunta si soy adicto al ridículo, yo le contesto que soy adicto al patxarán y una cosa lleva a la otra, ella se ríe, él se pone más celoso. La cosa pinta bien.

Hasta que el puto Unai recibe una llamada de teléfono. Una llamada mala no, lo siguiente. Su novia, la de la beca Leonardo, lo está pasando muy bien en Berlín. Vaya, que ahora lo está pasando mal, porque se siente muy culpable y mierdas así, pero lo ha pasado muy bien la noche anterior. Que le ha puesto los cuernos, joder. Cuando cuelga, echa la pota. Pero una pota no…

Me lo tengo que llevar a casa. Nos acerca Jon en coche, nos deja en el portal y se marchan antes de que empiece a jarrear. Ella me dice que se va mañana a Laredo, pero que a ver si nos vemos en Aste Nagusi, que le encanta como me queda la falda. Yo solo puedo pensar en las dos semanas que me quedan por delante hasta entonces, dos semanas de aburrimiento, de lluvia, de hartarme de esta puta ciudad para luego amarla como nunca otra vezde nuevo.

Dejo a Unai en casa y empieza a llover. Otra vez.

No hay nada como quedarse en Agosto en Bilbao.

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