EL VERDADERO ORIGEN DEL BLACK FRIDAY

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Como Licenciado en Publicidad me interesan mucho los orígenes de lo que llamamos “Día de…(la madre, el padre, la cuñada o el zurullito de plástico)” Esos que mucha gente suele decir “Los inventó el Corte Inglés para vender…(corbatas, perfumes, bozales o zurullitos de plástico)”. Eh aquí, pues, el origen de la última excentricidad comercial importada desde Estados Unidos: El Black Friday.

Todo comienza el 25 de Noviembre de 1932. De hecho, comienza el día anterior, jueves 24, cuando el New York Post publica en su segunda página:

“[…] In adittion to the Magic Stairs debut, the Poughkeepsie City Mall will offer 10 percent discounts in all the toasters and cigar-umbrellas”

(traducción)

“[…] Además de la presentación de las Escaleras Mágicas, el Centro Comercial de Poughkeepsie (ciudad situada en el estado de Nueva York) ofrecerá un 10 por ciento de descuento en tostadoras y paraguas para cigarrillos.”

Las escaleras mágicas a las que se refiere el artículo son lo que ahora llamamos escaleras mecánicas. El 25 de Noviembre vieron la luz por primera vez estos monstruos metálicos patentados por Nestle y Warner Brothers “para fomentar la obesidad y las caídas graciosas.” (Washington Post, Página 4 del 23 de Noviembre de 1932). Por si la expectación no fuera suficiente, el centro comercial ofreció un descuento del diez por ciento en tostadoras y paraguas para cigarrillos, invento del que Einstein dijo: “Es una puta mierda” y, una vez más, tenía razón.

En las puertas del comercio se formaron colas kilométricas, dando lugar a discusiones, conatos de pelea y la invención de la expresión “mazo de peña” (del inglés “Hammer of Boulder”). Pese a las presiones de la policía (y de Albert Einstein), los dueños del negocio no dudaron en abrir la puerta.

Lo que se encontraron los clientes nada más cruzar el umbral fue nada más y nada menos que el rutilante y metalizado futuro: Unas escaleras dentadas rugían en dirección a una tostadora que, subida en un pedestal, parecía ser una creación del mismo Dios. Hay que entender que, en aquella época, una tostadora era lo que para nosotros un IWatch. Por supuesto, la clientela no podía esperar por subirse en ese aparato mecánico para alcanzar lo que para ellos era el mismísimo Edén.

Centrémonos en la figura de Charlie. Charlie, que ha ido a Poughkeepsie desde New York acompañado de sus padres, tiene 9 años y es una apasionado de las tostadoras desde que metió su lengua en una de ellas a la edad de 5. Perdió la capacidad de pronunciar la R y la C, pero ganó un amor para toda la vida.

Treinta segundos después de la apertura de las puertas, la cara de Charlie está pegada a las escaleras mecánicas. No es voluntario, es la masa de gente que tiene sobre él la que le obliga a mantener esa postura. Si no llega a ser por la sangre del resto de clientes, probablemente las escaleras mágicas hubieran acabado con su vida. Por suerte, las escaleras dejaron de funcionar. Igual que hicieron sus piernas cuando una ama de casa asustada intentó huir corriendo encima de su columna. Con los ojos rojos por laa ausencia de aire y la abundancia de sangre (propia y ajena), Charlie pudo ver, antes de cerrar los ojos, aquella tostadora que, desde lo alto de las escaleras, veía como más de 200 personas perdían la vida en una amalgama de cuerpos mutilados, gritos ahogados y chirridos metálicos.

Por supuesto, nada de esto salió a la luz. Los medios trataron incluso de convertir la situación en un evento positivo, como demuestra el siguiente texto del Herald Tribune del 27 de Noviembre.

“[…] In an American Pride Orgy, customers where so overwhelmed by the creative power of their country that they started to hug each other. Some of then where hugged so strongly that they even bleeded a bit. 182 white people ceased to be and 30 Niggas died.”

(traducción)

“[…] En una Orgía de Orgullo Americano, los clientes estaban tan impresionados por el poder creativo de su país que empezaron a abrazarse unos a otros. Algunos fueron tan fuertemente abrazados que incluso sangraron un poco. 182 personas blancas dejaron de existir y 30 negratas murieron”.

Vayamos ahora a 20 años más tarde. Charlie ahora se hace llamar Charles, utiliza una silla de ruedas para desplazarse y es el dueño de un imperio de tostadoras de todos los tipos. Pero Charles quiere ir más allá. ¿Por qué solo de una en una? ¿Y si pudiéramos meter los bocadillos completos? ¿Qué le parecería a ese chulo de Einstein?

Para la inauguración de su célebre invento, lo que ahora llamamos Sandwichera y el Chronicle de San Francisco llamó “Tostadora de los deseos fundidos”, Charles eligió el aniversario de su accidente. Pero necesitaba un nombre. Lo primero que le vino a la cabeza fue la Sangre, y pensó en Red Friday. Su agente de prensa le dijo que, si su invento fueran compresas, no estaría mal pensado, pero que había que darle una vueltita. Lo segundo que le vino a la cabeza fue La Muerte. Y de ahí, Black Friday.

El primero, en 1954, coincidió con el estreno de otro nuevo invento: las puertas de cristal automáticas. El centro comercial estuvo a punto de no abrir sus puertas, ya que la masa de gente no era capaz de colocarse correctamente frente al sensor. Una vez se abrieron, la gente entró a tropel. Al día siguiente, el New York Observer titulaba en portada:

“10.000 Melted Dreams Toasters Sold…and Only 50 Dead! (most of them Black, so, who cares?)”

(traducción)

“10.000 Tostadoras de los Deseos Fundidos vendidas…¡y sólo 50 muertos! (¿la mayoría de ellos negros, así que a quién le importa?)

Los descuentos se fueron repitiendo con los años, con cada vez menos muertos y cada vez más artículos innecesarios vendidos, hasta llegar al día de hoy, cuando apenas mueren 3 personas en cada ciudad durante el Black Friday, convertido ya en un evento internacional. Con la excepción, claro, de la llamada “Crisis de las Croquetas”, durante la cual, en una exposición de freidoras con descuento en 1984, 400 personas perdieron la vida al tratar de usar el aceite hirviendo como crema hidratante.

Así que ya sabes, cuando vayas al Black Friday, se fiel a la tradición de esta bella historia y al sueño de aquel niño con la columna aplastada y conviértete en alguien capaz de cualquier cosa por conseguir un objeto que no necesitas ¡pero con descuento!.

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