ANNIE HALL EN UN PLANO (o eso creo yo)

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“Después, se nos hizo tarde. Los dos teníamos que irnos, pero fue magnífico ver a Annie otra vez, ¿verdad? Comprendí que era una persona estupenda y, y lo agradable que había sido conocerla y…y me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree una gallina.” Y el médico le contesta: “Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?”. Y el tipo le replica: “Lo haría, pero es que necesito los huevos” En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas. ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y… pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos.”

El cine es un medio que, por su corta historia, ha pecado en muchas ocasiones de utilizar recursos de otras artes, como el diálogo teatral o la voz en off introspectiva de la literatura, en vez de apostar por la creación de un lenguaje propio. Precisamente Woody Allen suele pecar de esto, aunque con divertidos resultados. Pero en este caso, el plano final de Annie Hall, Woody nos dice: Hago eso porque me gusta así, pero ojo, que yo sé hacer cine. Y esto no lo dice de palabra, con su típica voz entrecortada y un monólogo divertido, no. Nos lo dice sin una palabra, utilizando el más puro lenguaje audiovisual.

Para analizar el cine, como cualquier obra de cualquier arte, hay que tener en cuenta que los elementos que aparecen en la imagen han tenido que ser dispuestos voluntariamente ante la cámara. Se podría hacer el símil con el folio en blanco de un escritor o la roca maciza que trabaja el escultor. Al principio no hay nada. Todo es creado. Esto, que puede parecer una obviedad, no lo es tanto. No hablo de saberlo. Hablo de entenderlo, de tener esto en cuenta a la hora de ver una película.

Una vez interiorizado esto podemos pasar a analizar todos los elementos que forman este plano, partiendo de la base de que están orquestados de esa manera por la voluntad del director, esto es, nada de lo que aparece ante nuestros ojos es aleatorio.

EL CRISTAL

Para evitarlo hubiera sido tan fácil como no rodar desde el interior de un bar, al que seguramente habría que pedir permiso e incluso pagar. Pero Woody Allen decide contarnos esto desde detrás del ventanal de un bar. Eso significa que le da un valor a ese cristal.

Woody Allen se ha cansado de repetir que la historia de Annie Hall nada tiene que ver con sus vidas reales, que está en gran parte inspirada en acontecimientos de la vida de su co-guionista Marshall Brickman y que para nada es una representación de la realidad, como la que Alvy realiza con dos actores una vez que Annie le ha dejado. Pero la verdad es que hay una serie de paralelismos entre realidad y ficción que son innegables.

El nombre de pila de Diane Keaton es Diane Hall, Annie para sus amigos más próximos. Es actriz y cantante, como Annie Hall. Los llamativos estilismos que luce son las propias prendas de Diane Keaton, que Woody Allen autorizó a lucir ante la cámara pese a las protestas de su encargada de vestuario. Como vemos, no hay demasiadas diferencias entre intérprete y personaje.

Vamos a Alvy. Alvy Singer es guionista y cómico de televisión y stand-up. Adora New York sobre todas las cosas, es un hombre de costumbres y muy dado a dudar sobre sí mismo y sus relaciones con los demás, lo que le lleva en ocasiones al psicoanalista. Es culto hasta llegar a la pedantería en algunas ocasiones, aunque disfruta de placeres mundanos cómo un partido de tenis o una copa en un bar de jazz. ¿A quién os recuerda Alvy Singer?

Además de sus propias personalidades, oficios y modos de vestir, hay otras similitudes con la vida real. Cuando Alvy empezaba a hacerse un nombre como director de comedias contrató a una chica para participar en una representación de su obra de teatro Play it again, Sam, que luego se convertiría en película: Sueños de seductor. La chica cantaba muy bien, actuaba mejor y tenía una personalidad arrolladora. Se llamaba Diane Keaton. Tuvieron una corta e intensa relación de la que ambos salieron escaldados, pero mantuvieron su amistad y siguieron colaborando profesionalmente. La relación entre Diane y Woody no debió ser muy diferente a la que vemos entre Alvy y Annie.

Para mí, el cristal tiene un doble significado en este plano. Creo que uno de ellos es más consciente y el otro más inconsciente. Para empezar, creo que Woody utiliza el cristal como una manera de avisarnos: es un filtro, algo que utiliza para que tengamos claro que lo que vemos no es lo que ocurrió realmente entre ellos. No vemos la historia real, vemos una dramatización. No vemos la imagen a simple vista, la vemos a través de un cristal.

Inconscientemente, creo que el cristal también funciona como una manera de decirnos a los espectadores que somos unos voyeurs. Nos hemos asomado por la ventana a ver la relación de dos personas sin que nadie nos invitase.

Según el libro Conversaciones con Woody Allen iba a existir una trama de un asesinato que se dejó fuera finalmente, para ser recuperada 20 años más tarde en Misterioso asesinato en Manhattan, con idénticos protagonistas. También según la misma fuente, la película iba a llamarse Anhedonia, la incapacidad de sentir placer, pero acabó descartándose esa idea. Ninguna de estas dos cosas pasó. Esta película no es lo que Woody quería contar, es lo que necesitaba contar, y a nosotros nadie nos ha invitado. Por eso tenemos que limitarnos a espiar a través del cristal.

EL TRÁFICO

Para crear un plano final más canónico, lo adecuado pudiera haber sido centrar a los personajes en pantalla, acercarnos a ellos y escuchar cómo se despiden. De nuevo, la inclusión del tráfico es voluntaria.

El tráfico de una avenida, con coches y taxis amarillos en seguida nos traslada a una ciudad en concreto: New York. Pero esto no es Manhattan. Woody Allen no quiere enseñarnos New York para que veamos lo bonita y dinámica que es la ciudad. Quiere que vemos, precisamente, que estamos en New York.

Después de muchos altibajos, la relación entre Alvy y Annie se resiente definitivamente cuando ella decide viajar a Los Ángeles para grabar un disco con un productor, curiosamente Paul Simon, la mitad de Simon & Garfunkel. Al parecer, las discrepancias en cuanto al cambio de residencia son la gota que colma el vaso de la historia de amor.

En la penúltima escena de la película, sin contar la secuencia de montaje anterior a este último plano, Alvy nos cuenta en voice over que al parecer Annie ha vuelto a vivir a New York con otra pareja.

Woody nos muestra en este último plano que Annie y Alvy están charlando… en New York, la ciudad de residencia de ambos. ¿Qué quiere decir con esto? Que New York no era el problema. El final de la relación de ambos no ha venido por el cambio de residencia de ella, sino por la incompatibilidad de caracteres de los dos. Por eso quiere que tengamos muy en cuenta que lo que estamos viendo sucede en New York.

Estos dos elementos juntos nos sirven para otra cosa más. Por culpa de ellos no podemos escuchar el diálogo de los protagonistas. Lo que debería ser la conversación más importante de todas, Woody nos lo oculta. ¿Por qué? Porque a Woody no le interesa para nada lo que se dice. Nos basta con ver cómo se dice.

Dos escenas dan la clave para esto. La primera escena es la de las langostas. Woody se preocupa porque veamos la escena con dos acompañantes diferentes, Annie y una novia posterior. El diálogo es bastante cotidiano en ambas ocasiones, pero la diferencia entre ambas secuencias radica no tanto en el contenido sino en la actitud de los personajes.

La otra escena es su primera conversación en casa de Annie. Alvy y ella hablan de tonterías, pero en los subtítulos que aparecen en pantalla podemos leer lo que quieren decir realmente. A Woody Allen no le importa que los subtítulos distraigan del diálogo real de la escena. El diálogo real, lo que oímos, no va a ser importante en esta película, nos está diciendo. Y lo cumple dejando a los protagonistas mudos en su última escena juntos.

ALVY Y ANNIE

Se supone que deberían ser los elementos principales de la escena. Se supone que nos interesa saber qué se dicen ahora que han decidido ser sólo amigos. Se supone que deberíamos estar cerca de ellos para ver su expresión, sus gestos, en una conversación tan definitiva para las vidas de ambos.

No hay nada de eso. Los personajes se ven lejos, en un plano general amplísimo que no nos permite apenas ver si se están moviendo sus labios.

Si estuviésemos viendo cualquier otra película, el director aprovecharía para ponernos los pelos de punta con primeros planos de ambos, llorándose el uno al otro en su adiós.

Nada de eso. Woody Allen necesita un plano general, y necesita a sus personajes tan lejos por algo muy concreto. Porque nos va a contar la conclusión de esta historia en una sola imagen.

Terminan de charlar y cada uno se va por su lado. La clave está en el lado por el que se va cada uno.

En este plano, Diane Keaton sale por la izquierda y Woody Allen por la derecha.

En lenguaje cinematográfico, en una clara influencia de las artes plásticas, la parte izquierda del cuadro simboliza el pasado y la derecha el futuro, teniendo en cuenta que lo que vemos siempre es el presente.

Para entender este simbolismo podemos ir al plano final de El Padrino 3. Un Michael Corleone torturado por su pasado se desploma frente a nuestros ojos. Está colocado en la parte izquierda de la pantalla, mirando hacia fuera, dejando todo el cuadro a su espalda vacío. Está mirando a su pasado fijamente. No puede quitárselo de la mente. Da directamente la espalda a un futuro. Es por eso que acaba sucumbiendo.

Bien, pues en este plano final de Anniel Hall, Alvy y Annie se despiden, y Annie se marcha primero. Sale por la izquierda del cuadro mientras Alvy sigue mirando cómo se va.

Lo que está viendo Alvy es cómo Annie se va hacia su pasado. La relación ha terminado, y él es consciente cuando la ve salir. ¿Qué hace entonces? Empieza a caminar hacia la parte derecha de la imagen. Una vez que ha conseguido aceptar que Annie Hall es parte de su pasado, y solo en ese momento, es capaz de intentar caminar hacia su futuro.

Estos son los elementos que utiliza Woody Allen para resumirnos la historia. Pero hay un elemento que se diferencia de los demás en la función. No lo utiliza para resumir la historia, sino para que entendamos el mensaje.

EL SEMÁFORO

Es posible que pase desapercibido por ser algo tan frecuente en todas las ciudades, pero el hecho es que también es voluntario introducir un semáforo en el plano.

La voice over de Alvy, el texto que inicia este artículo, y que es la única voz que oímos en esta secuencia, nos cuenta un chiste.

“Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina’. Y el doctor responde: ‘¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?’. A lo que el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso es más o menos lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

El chiste habla de un hombre que tiene un problema. El médico le da la clave para deshacerse de ese problema y él le contesta que, en el fondo, necesita ese problema. La palabra “huevos”, cómo Woody Allen admite en su libro de conversaciones con Eric Lax, tampoco es involuntaria.

En el caso del chiste, Woody sería el hombre que va al médico, su hermano serían las relaciones sentimentales y el hecho de que se crea una gallina, los problemas que dan.

Mientras Alvy habla, en un monólogo bastante pesimista, el semáforo se mantiene en rojo. Se pasa en rojo todo el tiempo que dura el plano, y no es un plano corto. Solo cuando termina el monólogo, los personajes se han separado y Alvy ha llegado a la conclusión de que los humanos necesitamos tener relaciones, el semáforo cambia a verde. Woody quiere que tengamos claro que, pese a todo lo que ha sufrido, pese a lo mucho que le ha costado sobrellevar la ausencia de Annie, hay que tener una cosa muy clara: esto no nos puede parar. Debemos seguir caminando.

Con esta última escena, con el cristal, el tráfico, los personajes, el semáforo y la voice over Woody Allen no solo te quiere contar la película en un solo plano. Quiere que la entiendas correctamente. Quiere decirte que él sabe que las relaciones no son perfectas, que nos dan problemas y quebraderos de cabeza innecesarios, y que, como en este caso, muchas veces acaban mal. Pero tampoco quiere que te olvides de una cosa muy importante. Pese a todo esto, necesitamos los huevos.

Bonus Track

Durante toda la escena nos acompaña la interpretación de Diane Keaton de “Seems like old times”. Esta no solo habla de los recuerdos, sino que se utiliza en una secuencia de montaje con recuerdos y se trata de un recuerdo para la pareja en sí misma. Más que cine. Metacine. Que metafísico te pones, Woody.

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4 comentarios
  1. passingo dijo:

    No hay ninguna conexión con todo lo que muy bien cuentas, pero como curiosidad, sólo curiosidad: la mujer que acompaña a Woody Allen en su reencuentro con Diane Keaton a la salida del cine… es Sigourney Weaver en su primera aparición (aunque sin texto) en el cine ; )

    • Me encantan los datos sin ninguna conexión, pero como curiosidad, solo curiosidad. Si tienes más son bienvenidos.

  2. Francisco Sánchez dijo:

    No voy a discutir tu sapiencia cinematografica.. pero creo una insensatez que de una escena de 20 segundos se tengan que sacar todas esas conclusiones. Es imposible en ese tiempo, por muy “cinéfago” que sea uno, poder “leer” todo eso en esa escena, durante el visionado normal de la película. Por esa regla de tres, hablando de la “intencionalidad” absoluta de cada escena, en una película de 90 minutos,donde tienes más de 250 escenas… ¿y cada una de ellas hay que analizarla así?. Habría que ver la película escena por escena, parando el reproductor en cada plano.. y tal vez tardarías una semana entera para verla.. (y un par de años para desentrañar el mensaje de cada plano). Sé que Kubrik sí que era muy minucioso, muy maniatico, de lo que había de salir y cómo debía estar colocado, en cada una de sus escenas.. Pero la mayoría de las películas no pueden verse así, porque no hay ningún mensaje oculto, ni una segunda lectura en sus planos.

    • Para empezar, el título termina por (eso creo yo), así que por ahí ya puedes imaginar que es una opinión. Para seguir, tú tienes derecho a ver las películas una sola vez con un ojo puesto en las palomitas y otro en el móvil al igual que yo tengo derecho a verlas 50 veces y usando los botones de pausa y play cuantas veces quiera. Esta es la historia de un plano, un gran plano por su contenido narrativo, pero no todos tienen por que ser así, de hecho la mayoria no lo son. Pero hay veces que los directores utilizan el lenguaje del cine para contar una historia, y yo creo que esta es una de esas veces.

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